No necesitas suerte, necesitas moverte

Ahora que finaliza el año viene necesito mirar hacia atrás y aprender de los errores. Dejar de ser quien soy y convertirme en quién quiero ser.

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. Eduardo Galeano

He evitado toda mi vida planificar y programar mis días. Siempre he sido una persona de improvisar porque me daba miedo que los planes fallaran, sentía que me quitaba libertad. Soy de esas personas que defendían que siempre que tienes un plan, las cosas no salen como pensabas y acaban estropeando el día…. Pero después de estar 33 años haciendo las cosas de esta manera el otro día me vino una idea a la cabeza.

¿Toda mi vida he estado haciendo las cosas al revés? Lo que voy a contarte ahora igual te sorprende pero he llegado a la conclusión de que tener una agenda, horario o planner me da esa libertad. Me ayuda a realizar las tareas que debo hacer de forma eficiente y me deja tiempo para hacer lo que de verdad quiero hacer (estar con mi hija y mi familia, leer, disfrutar de un atardecer o dedicar mi tiempo a este blog).

El secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en la lucha contra el viendo, sino en la construcción de lo nuevo. Sócrates.

No se si te suena el concepto de procrastinar (hablaremos de ello más adelante), pero esa ha sido mi filosofía de vida y ¿sabes que? No funciona, solo te hace sentir frustración y te da sensación de perdida de tiempo. Por supuesto hacía las cosas que me apetecían pero nunca encontraba tiempo para las que debía hacer. ¿Lo mejor de este descubrimiento? He aceptado que soy una fabrica viviente de excusas y por el miedo a fallar, a que las cosas no salgan como espero.

Nunca he dado mucha importancia a mi estilo de vida (nada de deporte, pedir comida casi a diario, lo de planificar ni hablamos…) y en definitiva un caos en el que era difícil organizase y priorizar lo que de verdad era importante.

Cuando me quedé embaraza de mi hija sólo quería que mi hija naciera sana y feiz y últimamente me he dado cuenta de que copia todo lo que hago. Mi objetivo, como el de cualquier madre, es que mi hija crezca con un buen ejemplo al que copiar y aunque me cueste admitirlo, ese ejemplo no es la persona en la que me he convertido. Aquí comienza el reto, dejar de ser quien soy y convertirme en quien deseo y merezco ser.

He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien: Lo esencial es invisible para los ojos. El principito. Antoine de Saint-Exupéry

Quiero que mi hija vea en mí a una persona sana, que se cuida, que es capaz de correr detrás de ella sin cansarse. Una madre que va a la playa con ella a pasar el día porque no le importa la celulitis. Una madre que saca tiempo para todo con una sonrisa, una de esas que convierte una tarde cocinando sano algo divertido. Quiero enseñarla que los deseos se cumplen si te esfuerzas.

Quiero que tenga buenos hábitos, que luche por lo que quiere. Sueño con qué sea valiente, fuerte, independiente, amable, respetuosa y sobre todo feliz.

Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es el que no siente miedo, sino el que vence ese temor. Nelson Mandela.

No quiero que el miedo me impida ser un ejemplo para mi hija nunca más. ¿Y tú? Dejas que el miedo decida por ti?

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